Poco a poco, parece que vamos saliendo del confinamiento y esa es una buena noticia.
Pero seguimos sin poder acceder a los tribunales y a las Administraciones Públicas, salvo en casos muy excepcionales. Continúan suspendidos los plazos judiciales y administrativos, los juicios, las conciliaciones administrativas y prácticamente todos los trámites jurídicos.
Y, aunque se ha aprobado un plan para la reactivación judicial, se desconoce cuándo volverán a celebrarse juicios y conciliaciones administrativas, cuándo se señalarán nuevamente los procedimientos que fueron suspendidos y qué ocurrirá con aquellos que ya estaban fijados con anterioridad y cuya celebración esté prevista inmediatamente después de la finalización del estado de alarma.
Previsiblemente, se tardará en recuperar una «normalidad» que ya antes era poco normal (basta con pensar en los retrasos crónicos que sufre la Administración de Justicia).
Las personas y las empresas seguiremos teniendo problemas, algunos de ellos nuevos e inimaginables hasta hace poco. Y no podemos esperar años para encontrar soluciones.
¿Qué hacer? Aconsejo intentar siempre, en la medida de lo posible, evitar un litigio, procurando alcanzar un acuerdo extrajudicial con la otra parte.
En este punto, los abogados podemos ayudar.
De hecho, este ha sido siempre uno de los elementos esenciales de nuestra profesión.
Evitar un litigio supone un ahorro de costes económicos, de tiempo y, especialmente, emocionales.
Además, las partes ponen sus intereses en manos de profesionales que, aunque defiendan posiciones distintas, se consideran mutuamente compañeros e intentarán alcanzar la mejor solución posible para sus respectivos clientes.
No hay que olvidar que, por lo general, cada abogado sabrá hasta dónde puede llegar la negociación y no estará condicionado por la carga emocional que soporta su cliente y que, en ocasiones, le impide aceptar la solución que más le conviene.
Dejemos la litigiosidad judicial únicamente para aquellos supuestos indispensables que no hayan podido resolverse por otra vía.
– Pilar Sanz Valencia